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Cercano Oriente
Corte de cinta en Patio Bullrich; Kenzo está de regreso... lo cuenta su CEO
"Una expresión de alegría", contagió Kenzo durante su cóctel de inauguración oficial, el miércoles último en Patio Bullrich. El corte de cinta del primer local de América del Sur, uno de los regresos más esperados, estuvo en manos del presidente internacional de la firma, Alberto Lavia, recién llegado de sus oficinas de Pont Neuf, en París, para una tarde de entrevistas y cóctel.
Flores en relieve en la pared, sillones a cuadros en blanco y negro, muñecas de trapo vestidas de colorado... detalles del local, de 150 m2, diseñado por la arquitecta italiana Stefania Beltrame y adaptado en la Argentina por su par Gastón Bedascarrasbure. Todo muy francés, con el lujo del grupo LVMH, e impregnado de ese exotismo oriental legado por Takada. Y como preparado para la ocasión, en los percheros, el último invierno diseñado por Antonio Marras, inspirado en el tango y Buenos Aires.
Alberto Lavia, italiano, que estuvo al frente de Polo Ralph Lauren y Calvin Klein en Europa, también fue CEO de La Perla en el nivel internacional, llegó a Kenzo en coincidencia con Marras, de la misma península. Los dos provenientes de diferente islas: Marras de Cerdeña. Lavia de Sicilia. Dos en la dirección de la firma, muy francesa, que si bien pertenece a un grupo grande, que incluye a Louis Vuitton, Givenchy, Fendi, Pucci y más, consigue mantener su esencia.
-¿Cómo se trabaja en un referente de lujo como el grupo LVMH ?
-Como parte del grupo aprendí a trabajar con un sistema muy inteligente, que deja una gran autonomía a quien maneja la firma. No es como trabajar con un empresario italiano que quiere saber todos los días como marcha todo, con la ansiedad de lo cotidiano... ¡Trabajé tanto con este clase de personas! Este sistema, de tanta libertad y autonomía, lo hace a uno más responsable tanto en las buenas como en las malas. No es como en Italia, que se reprocha con un... ¡me lo dijo usted! Entonces, como nadie dice nada, lo que se necesita es ser más riguroso y atento. Así es en Francia, donde se trabaja de manera muy disciplinada.
-¿Cómo define el estilo Kenzo?
-Tiene un estilo muy propio. Trabajé en muchas firmas, pero la impronta de esta marca es única. Puede gustar o no, pero no se puede dejar de reconocer que tiene una singularidad, una expresión de alegría, que no se encuentra en otras marcas. Además, Kenzo tiene un significado especial para mí.
-¿En qué consiste?
-Tenía 17 o 18 años cuando, para ganar algo de dinero, trabajé en Turín como profesor de tenis. En realidad por dos motivos: ganar algo de plata y conocer chicas. Un día vi en una vidriera una remera de Kenzo, bellísima -dice con toda su expresión-, de varios colores. Todavía la recuerdo, como si la hubiese visto hoy. Pero no tenía una lira. Con las lecciones reuní las 10.000 o 15.000 liras que valía. Cuando fui a comprarla, me dijeron... agotada. Yo no entendía los mecanismos de venta. Se ve que habían pasado un par de meses y ya entraba la nueva estación. No sé si era el destino o una maldición, pero así entró Kenzo a mi vida. Ni hablar de mi primer día de trabajo. Fue el día siguiente al que Francia perdió con Italia en el Mundial. Las primeras sonrisas fueron glaciales. Pensaba que me querían matar. Revisaba mi silla, por si tenía algo filoso, o si había veneno en el café.
-¿Es la primera vez que viene a la Argentina? ¿Conoce el estilo de los argentinos?
-Es la primera vez que vengo. Salí del aeropuerto, en un abrir y cerrar de ojos me encontré con carteles de la campaña electoral italiana, con Veltroni y Berlusconi. Pensé que estaba en Roma o Milán. Llegué hace como seis horas, pero me siento como en casa. Por la arquitectura, la luz, las caras, se parece a Italia. Por eso creo que hay mucha afinidad entre la mujer mediterránea y la argentina. De lo poco que vi en Patio Bullrich hay muy buen gusto, hay clase. Diferencian bien lo lindo de lo feo. Algo no tan fácil el día de hoy.
-¿Por qué decidieron regresar en este momento de la Argentina?
-Hay un gran dinamismo en este país que es perceptible. Y tuvimos la suerte de encontrar el socio justo, en el lugar justo y el momento justo. Si no fuera así, no podría andar bien. Estamos muy contentos.
-¿Kenzo vuelve por posicionamiento o por rentabilidad?
-En operaciones de retail se necesita tiempo para que sea rentable. En cuanto a calidad, el negocio es igual al de París, pero en escala menor. Es una joya. Y aunque el local sea más chico, llega toda la colección. Por otra parte, estamos seguros de que la rentabilidad llegará antes de lo pensado porque las ventas están funcionando muy bien.
-En su primer mes de funcionamiento, ¿fue muy representativa la compra de turistas?
-En cuanto al negocio de la moda, el turismo suele ser importante. Hay compradores de Brasil, Chile, de toda América. Pero lo que nos dio mucho gusto saber es que el consumo argentino es preponderante. Y esto significa un muy buen punto de partida, porque el turismo va y viene.
-¿Qué fue lo más vendido hasta el momento?
-Abrigos y chaquetas femeninas. Además de accesorios. La mujer compra primero. El hombre espera el frío y ¡que le quede algo de dinero!
-¿Qué porcentaje representa la colección masculina respecto de la femenina?
-En Francia tenemos casi un 50 y 50 entre ambas colecciones. Somos más fuertes de lo que se cree en el mercado masculino. Sobre todo, en lo formal. En el exterior, el hombre ocupa un 40 por ciento. En la Argentina baja a un 35%, frente a un 65% de la mujer.
-¿Mercados más importantes?
-El europeo, que es muy grande. Crecemos de modo orgánico, 5 a 6% al año, porque estamos desde hace mucho tiempo. Le siguen Rusia y Medio Oriente, donde somos muy fuertes, con un crecimiento de entre el 20 y 24 por ciento al año; Asia crece un 10 %. Y en la Argentina, veremos.
-¿Qué planes tiene para América latina?
-Tenemos cuatro negocios en México, y acabamos de tomar contacto en San Pablo.
-Y en la Argentina, ¿está prevista la apertura de otro local?
-No es un proyecto a corto plazo. Depende de las oportunidades. De lo que sucede. No es como abrir un negocio de electrónica. La química es muy particular.
-¿Desarrollan acciones en conjunto con la línea de cosmética Kenzo?
-Los perfumes pertenecen al mismo grupo y hay una fuerte sinergia. Hablamos de lo cotidiano, nos informamos. Los perfumes funcionan muy bien. Facturan casi lo mismo que la ropa. Existe una competencia divertida sobre quién factura más ( se ríe ).
-¿Kenzo es muy copiada?
-A decir verdad, no. Cuando trabajaba en Ralph Lauren, ciertos productos eran fáciles de resolver, eran muy copiados. Pero falsificar Kenzo da mucho trabajo. No conviene.
-¿Qué opina de los fenómenos H& M y Zara?
-Que son impresionantes en su segmento. Cambiaron las reglas de juego. Tanto, que algunas firmas importantes con la llegada de Zara y H& M tuvieron y tienen problemas. Son muy buenos aun cuando se copian. Porque tampoco es fácil hacerlo. Acortaron los ciclos de un modo increíble. Creo que en el caso de Zara lograron que no percibiera que se trata de una marca de bajo nivel, porque, por ejemplo, en Milán mucha gente lleva bolsas de D& G, Fendi, Gucci, y también la de Zara, como algo snob... Si lo planificaron, son unos genios.
-¿Se viste de Kenzo?
-¿Lo digo o no lo digo? Yo seré un poco extraño, pero los que trabajan en una marca y se visten con ella de pies a cabeza me hacen reír: voy a Versace, me visto de Versace. Entiendo que si uno trabaja en un negocio de Kenzo no puede estar vestido de Gucci. Pero un profesional se viste como le gusta. Yo no soy lo suficientemente joven como para usar Kenzo. ¿Usted me ve vestido con flores? No. Cuando esté jubilado, en la Riviera Francesa, con el pelo blanco como en el film Daddy Nostalgie , mirando chicas que ya no me mirarán nunca y me darán el asiento en el tranvía, y ahí me vestiré con flores.
Por Gabriela Cicero
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